GARGANTUA Y PANTACRUEL

Gargantúa, a la edad de 484, engendró a su hijo Pantagruel, de su mujer llamada Badebec, hija del rey de los amaurotas, en Utopía; la cual murió de un mal parto. Pues era tan maravillosamente grande y tan pesado el joven Pantagruel, que no pudo salir a la luz sin sofocar a su madre. Pero, para entender plenamente la causa y razón de su nombre, que le fue otorgado en el bautismo, hay que recordar que en aquel año hubo una sequía tan grande en todo el país de Africa, que pasaron 36 meses, tres semanas, cuatro días, trece horas y un poco más sin que lloviese y con calor tan vehemente que toda la tierra quedó árida y tan tórrida como en el tiempo de Elías. Porque no había árbol en la tierra que tuviese hoja ni flor. Los prados, los ríos secos y las fuentes exhaustas. Los pobres peces, privados de su propio elemento, vagaban y gritaban horriblemente por la tierra. Los pájaros se caían del cielo por falta de rocío. Los lobos, los zorros, ciervos, jabalíes, antes, liebres, conejos, comadrejas, garduñas, tejones y otras bestias se encontraban por los campos, muertos, hocico abierto. Daba pena ver la mirada de los hombres. Los hubieseis visto, con la lengua fuera como lebreles que han corrido durante seis horas; algunos se tiraban a los pozos; otros se metían en la barriga de una vaca para estar a la sombra; Homero los llamaba alibantes. Toda la región quedaba atada como una ancla. Era caso penoso ver el trabajo de los hombres para guarecerse de esta horrible sed; y había mucho trabajo en salvar el agua bendita de las iglesias, no fuese que se agotase. Así que hubo una orden severa, por consejo de monseñores los cardenales y del Santo Padre, que mandaba que nadie cogiese más de una vez y con la punta de los dedos. Y cuando alguno entraba en la iglesia, hubieseis visto veintenas de pobres sedientos, que iban detrás del que la cogía, la boca abierta, para ver de pescar alguna gota a fin de que nada se perdiese. Lo mismo que el ricachón del Evangelio. ¡Oh que bienaventurado fue ese año todo aquel que tuvo sótano fresco y despensa bien guarnecida! Como en ese día nació Pantagruel, su padre le impuso tal nombre. Porque “Panta” en griego significa “todo”, y “Gruel”, en lengua mahometana, “sediento”. Así querían inferir que en la hora de su nacimiento, todo el mundo estaba sediento. Y viendo, con espíritu de profecía, que sería algún día dominador de los sedientos. Y esto se vio en esa misma hora por otro signo más evidente. Pues cuando su madre Badebec lo paría y las comadronas esperaban para recibirlo, sacaron de su vientre, primero sesenta y ocho arrieros, llevando cada uno por el cabestro un mulo cargado de sal; después salieron nueve dromedarios cargados de jamones y lenguas de buey ahumadas, siete camellos cargados con anguilas saladas, más veinticinco carretadas de puerros, ajos, cebollas y cebolletas, lo cual espantó mucho a dichas comadres. Pero algunas de entre ellas decían: e aquí buena provisión. Hasta ahora solo bebíamos con moderación, no como esponjas. Esto es buena señal; son acicates de vino”. Y mientras cotorreaban entre ellas de estas menudencias, salió Pantagruel, velludo como un oso, y una de ellas dijo con espíritu profético: “Ha nacido con todo el pelo; hará cosas maravillosas, y, si vive, llegará a viejo”. Cuando nació Pantagruel, ¿quién quedo embobado y perplejo? Fue su padre Gargantúa. Porque viendo por u lado a su mujer Badebec, chula la pata y tiesa por la tirazón e la muerte toda ella, y por el otro lado a su hijo Pantagruel recién nacido, tan hermoso y tan grande, no sabía que decir ni que hacer, y la duda turbaba su espíritu. A saber, si debía llorar por el duelo de su mujer o reír por el gozo de su hijo. “¿Lloraré? –decíase-, Sí pero ¿por qué? Mi tan preciada mujer ha muerto; era la más de esto y las más de lo otro que fuese en el mundo. Nunca más la veré, nunca volveré a encontrar otra igual. Es una pérdida inestimable. ¡Oh Dios mío!¿Qué te he hecho para que me castigues así? ¡Ojalá hubieses mandado la muerte a mí antes que a ella! Porque vivir sin ella no es más que languidecer. Ah Badebec, mi bonita, mi queridita, mi tiernecita, mi braguetita, mi pantufla, mi zapatilla. ¡Nunca más te veré!”Ah, pobre Pantagruel, has perdido a tu buena madre, tu dulce nodriza, tu señora bien amada. ¡Ah, muerte falsa, qué malévola y ultrajante eres conmigo, que me quitas aquella a quien la inmortalidad pertenecía por derecho y por los bajos barbudillos y rizados!” Y mientras esto decía, rompió a llorar como una vaca. Pero de repente se reía como un ternero, cuando se acordaba de Pantagruel. ”¡Oh mi hijito, m bien armado de todo, mi compañón, mi piececito, mi lanza y sus pendientes, que lindo eres y cuánto le agradezco a Dios por haberme dado un hijo tan hermoso, tan alegre, tan sonriente, tan gentil! ¡Oh, oh, oh, oh! ¡Que contento estoy! ¡Bebamos. oh! ¡Bebamos y dejemos toda melancolía! ¡Traedme del mejor, limpiad los vasos, corta estas sopas, despide a estos pobres dándoles lo que piden! Toma mi vestido, que me quedaré en camisa para mejor festejar a las comadres” Mientras esto decía, oyó la letanía y los mementos de los sacerdotes que iban a enterrar a su mujer. Dejó sus buenos propósitos de repente y quedó absorto diciendo: “Señor Dios, ¿tengo que seguir contristándome? Esto me disgusta; ya no soy joven, me hago viejo y el tiempo es peligroso, podría coger alguna fiebre; heme todo trastornado. ¡Por mi fe de gentilhombre! ¡Más vale llorar menos y beber más! Mi mujer ha muerto, pues bien. ¡Por Dios! (da jurandi), no la resucitaré con mi llanto: está bien; por lo menos está en el paraíso y quizás en otro sitio mejor. Ruega a Dios por nosotros, es bienaventurada, ya no le preocupa nuestras miserias y calamidades. ¡El muerto al hoyo y el vivo al bollo! Tengo que pensar en encontrarme otra.” “He aquí lo que hareís –dijo a las comadres-. ¿Dónde están?(Buenas gentes, no os puedo ver). Id al entierro con ella, mientras yo meceré a mi hijo, pues me siento muy alterado y podría caer enfermo; pero antes bebed buenos tragos, que os sentarán bien, creedme por mi honor”. Cierto día por la mañana, cuando le acercaban una de sus vacas (porque nodrizas no tuvo otras, como cuenta la historia), Pantagruel soltó un brazo de las ligaduras que lo sujetaban a la cuna, cogió a la vaca por debajo del corvejón y se comió las dos tetas y la mitad de la barriga, más el hígado y los riñones, y la hubiese devorado toda si esta no hubiera bramado como si los lobos la cercaran. Al oir los bramidos, llegó todo el mundo y le quitaron la vaca a Pantagruel; pero no pudieron quitarle el jarrete, y se lo comió como lo haríais con una salchicha. Y cuando quisieron quitarle el hueso, se lo tragó rápidamente, igual que un cormorán se tragaría un pececito. Después empezó a decir: ¡Bien, bien, bien, bien!, pues aún no hablaba de corrido, dando a entender que le había gustado y que se tomaría más. Viendo esto los que le servían, lo ataron con gruesos cables. Otra vez, un gran oso que tenía su padre se escapó y vino a lamerle la cara (pues sus nodrizas no se la habían lavado bien). El se deshizo de dichos cables tan fácilmente como o hizo Sansón entre los filisteos y cogió al señor oso, lo descuartizó como si fuera un pollo y se lo zampó de pitanza de animal cazador. Pero un día su padre Gargantúa dio una gran fiesta, con un buen banquete a todos los príncipes de su corte. Creo que todos los servidores del castillo estaban tan ocupados en el servicio del festín que nadie se acordó del pobre Pantagruel, que quedó reculorum. ¿Qué hizo? ¿Qué hizo buenas gentes? Escuchad. Trató de romper las cadenas de la cuna con los brazos, pero no pudo, pues eran demasiado fuertes. Pataleó tanto que rompió a extremidad de su cuna, aunque estaba hecha con una gran viga de siete cuartas en cuadrado, y cuando consiguió sacar los pies, se bajó lo mejor que pudo, de forma que tocó el suelo. Entonces, con gran fuerza se levantó, llevando su cuna a la espalda, pero aún ligado, y parecía una tortuga subiendo por un muro o una gran estaca de quinientos toneladas puestas en pie. Así entró en la sala donde se celebraba el banquete. Pero como tenía los brazos trabados, no podía comer nada, y con gran esfuerzo se inclinaba para pescar con la lengua algún bocado. Viendo esto su padre, comprendió que lo habían dejado sin comer, y mando que le soltaran las cadenas. También lo aconsejaron los príncipes, señores asistentes y médicos de Gargantúa, pues dijeron que si se le tenía encadenado a la cuna toda su vida padecería de arenillas. Cuando lo desataron le hicieron sentar y se sació muy bien. Luego, con un puñetazo en el centro, hizo de su cuna quinientos mil pedazos, por despecho y con resolución de no volver nunca más.
Language: Spanish
Subject: Lengua Castellana > Lectura
School grade: Peru Peru > Primaria > 6º grado
Age: 11 - 12

GARGANTUA Y PANTACRUEL

Gargantúa, a la edad de 484, engendró a su hijo Pantagruel, de su mujer llamada Badebec, hija del rey de los amaurotas, en Utopía; la cual murió de un mal parto. Pues era tan maravillosamente grande y tan pesado el joven Pantagruel, que no pudo salir a la luz sin sofocar a su madre.

Pero, para entender plenamente la causa y razón de su nombre, que le fue otorgado en el bautismo, hay que recordar que en aquel año hubo una sequía tan grande en todo el país de Africa, que pasaron 36 meses, tres semanas, cuatro días, trece horas y un poco más sin que lloviese y con calor tan vehemente que toda la tierra quedó árida y tan tórrida como en el tiempo de Elías. Porque no había árbol en la tierra que tuviese hoja ni flor. Los prados, los ríos secos y las fuentes exhaustas. Los pobres peces, privados de su propio elemento, vagaban y gritaban horriblemente por la tierra. Los pájaros se caían del cielo por falta de rocío. Los lobos, los zorros, ciervos, jabalíes, antes, liebres, conejos, comadrejas, garduñas, tejones y otras bestias se encontraban por los campos, muertos, hocico abierto. Daba pena ver la mirada de los hombres. Los hubieseis visto, con la lengua fuera como lebreles que han corrido durante seis horas; algunos se tiraban a los pozos; otros se metían en la barriga de una vaca para estar a la sombra; Homero los llamaba alibantes.

Toda la región quedaba atada como una ancla. Era caso penoso ver el trabajo de los hombres para guarecerse de esta horrible sed; y había mucho trabajo en salvar el agua bendita de las iglesias, no fuese que se agotase. Así que hubo una orden severa, por consejo de monseñores los cardenales y del Santo Padre, que mandaba que nadie cogiese más de una vez y con la punta de los dedos. Y cuando alguno entraba en la iglesia, hubieseis visto veintenas de pobres sedientos, que iban detrás del que la cogía, la boca abierta, para ver de pescar alguna gota a fin de que nada se perdiese. Lo mismo que el ricachón del Evangelio. ¡Oh que bienaventurado fue ese año todo aquel que tuvo sótano fresco y despensa bien guarnecida! Como en ese día nació Pantagruel, su padre le impuso tal nombre. Porque “Panta” en griego significa “todo”, y “Gruel”, en lengua mahometana, “sediento”. Así querían inferir que en la hora de su nacimiento, todo el mundo estaba sediento. Y viendo, con espíritu de profecía, que sería algún día dominador de los sedientos. Y esto se vio en esa misma hora por otro signo más evidente. Pues cuando su madre Badebec lo paría y las comadronas esperaban para recibirlo, sacaron de su vientre, primero sesenta y ocho arrieros, llevando cada uno por el cabestro un mulo cargado de sal; después salieron nueve dromedarios cargados de jamones y lenguas de buey ahumadas, siete camellos cargados con anguilas saladas, más veinticinco carretadas de puerros, ajos, cebollas y cebolletas, lo cual espantó mucho a dichas comadres.
Pero algunas de entre ellas decían: e aquí buena provisión. Hasta ahora solo bebíamos con moderación, no como esponjas. Esto es buena señal; son acicates de vino”. Y mientras cotorreaban entre ellas de estas menudencias, salió Pantagruel, velludo como un oso, y una de ellas dijo con espíritu profético: “Ha nacido con todo el pelo; hará cosas maravillosas, y, si vive, llegará a viejo”.

Cuando nació Pantagruel, ¿quién quedo embobado y perplejo? Fue su padre Gargantúa. Porque viendo por u lado a su mujer Badebec, chula la pata y tiesa por la tirazón e la muerte toda ella, y por el otro lado a su hijo Pantagruel recién nacido, tan hermoso y tan grande, no sabía que decir ni que hacer, y la duda turbaba su espíritu. A saber, si debía llorar por el duelo de su mujer o reír por el gozo de su hijo. “¿Lloraré? –decíase-, Sí pero ¿por qué? Mi tan preciada mujer ha muerto; era la más de esto y las más de lo otro que fuese en el mundo. Nunca más la veré, nunca volveré a encontrar otra igual. Es una pérdida inestimable. ¡Oh Dios mío!¿Qué te he hecho para que me castigues así? ¡Ojalá hubieses mandado la muerte a mí antes que a ella! Porque vivir sin ella no es más que languidecer. Ah Badebec, mi bonita, mi queridita, mi tiernecita, mi braguetita, mi pantufla, mi zapatilla. ¡Nunca más te veré!”Ah, pobre Pantagruel, has perdido a tu buena madre, tu dulce nodriza, tu señora bien amada. ¡Ah, muerte falsa, qué malévola y ultrajante eres conmigo, que me quitas aquella a quien la inmortalidad pertenecía por derecho y por los bajos barbudillos y rizados!”
Y mientras esto decía, rompió a llorar como una vaca. Pero de repente se reía como un ternero, cuando se acordaba de Pantagruel. ”¡Oh mi hijito, m bien armado de todo, mi compañón, mi piececito, mi lanza y sus pendientes, que lindo eres y cuánto le agradezco a Dios por haberme dado un hijo tan hermoso, tan alegre, tan sonriente, tan gentil! ¡Oh, oh, oh, oh! ¡Que contento estoy! ¡Bebamos. oh! ¡Bebamos y dejemos toda melancolía! ¡Traedme del mejor, limpiad los vasos, corta estas sopas, despide a estos pobres dándoles lo que piden! Toma mi vestido, que me quedaré en camisa para mejor festejar a las comadres” Mientras esto decía, oyó la letanía y los mementos de los sacerdotes que iban a enterrar a su mujer. Dejó sus buenos propósitos de repente y quedó absorto diciendo:
“Señor Dios, ¿tengo que seguir contristándome? Esto me disgusta; ya no soy joven, me hago viejo y el tiempo es peligroso, podría coger alguna fiebre; heme todo trastornado. ¡Por mi fe de gentilhombre! ¡Más vale llorar menos y beber más! Mi mujer ha muerto, pues bien. ¡Por Dios! (da jurandi), no la resucitaré con mi llanto: está bien; por lo menos está en el paraíso y quizás en otro sitio mejor. Ruega a Dios por nosotros, es bienaventurada, ya no le preocupa nuestras miserias y calamidades. ¡El muerto al hoyo y el vivo al bollo! Tengo que pensar en encontrarme otra.”

“He aquí lo que hareís –dijo a las comadres-. ¿Dónde están?(Buenas gentes, no os puedo ver). Id al entierro con ella, mientras yo meceré a mi hijo, pues me siento muy alterado y podría caer enfermo; pero antes bebed buenos tragos, que os sentarán bien, creedme por mi honor”.

Cierto día por la mañana, cuando le acercaban una de sus vacas (porque nodrizas no tuvo otras, como cuenta la historia), Pantagruel soltó un brazo de las ligaduras que lo sujetaban a la cuna, cogió a la vaca por debajo del corvejón y se comió las dos tetas y la mitad de la barriga, más el hígado y los riñones, y la hubiese devorado toda si esta no hubiera bramado como si los lobos la cercaran. Al oir los bramidos, llegó todo el mundo y le quitaron la vaca a Pantagruel; pero no pudieron quitarle el jarrete, y se lo comió como lo haríais con una salchicha. Y cuando quisieron quitarle el hueso, se lo tragó rápidamente, igual que un cormorán se tragaría un pececito. Después empezó a decir: ¡Bien, bien, bien, bien!, pues aún no hablaba de corrido, dando a entender que le había gustado y que se tomaría más. Viendo esto los que le servían, lo ataron con gruesos cables. Otra vez, un gran oso que tenía su padre se escapó y vino a lamerle la cara (pues sus nodrizas no se la habían lavado bien). El se deshizo de dichos cables tan fácilmente como o hizo Sansón entre los filisteos y cogió al señor oso, lo descuartizó como si fuera un pollo y se lo zampó de pitanza de animal cazador. Pero un día su padre Gargantúa dio una gran fiesta, con un buen banquete a todos los príncipes de su corte. Creo que todos los servidores del castillo estaban tan ocupados en el servicio del festín que nadie se acordó del pobre Pantagruel, que quedó reculorum. ¿Qué hizo? ¿Qué hizo buenas gentes? Escuchad. Trató de romper las cadenas de la cuna con los brazos, pero no pudo, pues eran demasiado fuertes. Pataleó tanto que rompió a extremidad de su cuna, aunque estaba hecha con una gran viga de siete cuartas en cuadrado, y cuando consiguió sacar los pies, se bajó lo mejor que pudo, de forma que tocó el suelo. Entonces, con gran fuerza se levantó, llevando su cuna a la espalda, pero aún ligado, y parecía una tortuga subiendo por un muro o una gran estaca de quinientos toneladas puestas en pie. Así entró en la sala donde se celebraba el banquete. Pero como tenía los brazos trabados, no podía comer nada, y con gran esfuerzo se inclinaba para pescar con la lengua algún bocado. Viendo esto su padre, comprendió que lo habían dejado sin comer, y mando que le soltaran las cadenas. También lo aconsejaron los príncipes, señores asistentes y médicos de Gargantúa, pues dijeron que si se le tenía encadenado a la cuna toda su vida padecería de arenillas. Cuando lo desataron le hicieron sentar y se sació muy bien. Luego, con un puñetazo en el centro, hizo de su cuna quinientos mil pedazos, por despecho y con resolución de no volver nunca más.

¿Cuál es el nombre del protagonista de Gargantúa y Pantagruel?

Gargamel

Pantaleón

Gargantúa

Pantagruel

¿Dónde se desarrolla principalmente la historia de Gargantúa y Pantagruel?

Italia

Francia

España

Inglaterra

¿Quién es el padre de Gargantúa?

Pantagruel

Margarita

Gargamel

Grandgousier

¿Cuál es el mensaje principal de Gargantúa y Pantagruel?

La lucha por el poder

La búsqueda de la felicidad

La importancia de la familia

La crítica social

¿Cuál es el nombre del hijo de Gargantúa?

Pantagruel

Pantaleón

Gargamel

Grandgousier